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Los zombies de ‘Train to Busan’ se adueñan de la península de Corea

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En la secuela del clásico de terror, un grupo de mercenarios regresa al país, aislado del mundo e invadido por los muertos vivientes. La misión (¿suicida?) consiste en recuperar un botín millonario y largarse

En 2016, los aficionados al terror se maravillaron con un nuevo clásico: Train to Busan, del coreano Yeon Sang-ho. Funcionó en taquilla, alzó dos premios en Sitges, recibió elogios unánimes de la crítica y comparaciones con La noche de los muertos vivientes, de George A. Romero. El director retomó la trama en una precuela de animación (Seoul Station), y ahora remata la trilogía en Península.

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Cuatro años después del inicio de la plaga, los zombis ocupan toda Corea. El país se ha dado por perdido y permanece aislado internacionalmente. Hasta que la mafia descubre un botín millonario que se quedó allí. Para recuperarlo, envía a un grupo de buscavidas a la península, armados hasta los dientes. En 72 horas deberían encontrarlo y largarse de la zona cero. Por supuesto, nada saldrá como esperaban.

Si en Train to Busan todo se desarrollaba dentro de los vagones del tren, con una atmósfera asfixiante (y una sorprendente habilidad para construir planos icónicos), ahora las persecuciones se desarrollan sobre ruedas, a lo Mad Max o Fast & Furious. Presentada en Cannes, Peninsula conserva el sentido del suspense, la tensión y la intensidad de su predecesora. Y de nuevo muestra que los peores enemigos, más que las criaturas desconocidas, siempre serán los hombres.

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